23 ago
Illa de Arousa en moto: la isla con puente de las Rías Baixas
De las islas que la gente busca cuando piensa en las Rías Baixas —Cíes, Ons, Sálvora— a ninguna se puede llegar en moto. Todas dependen de un barco, de un cupo y de un horario. La isla de Arosa, o A Illa de Arousa en gallego, es la excepción: un puente de casi dos kilómetros la une al continente desde mediados de los años ochenta, y se cruza rodando.
Eso la convierte en un destino raro dentro del blog. Hasta ahora hemos contado sobre todo la Costa da Morte y el norte de A Coruña, paisajes de acantilado y viento. Aquí el registro cambia por completo: agua quieta, bateas de mejillón, marismas y pinares bajos. Es la ruta que recomendamos cuando alguien quiere un día tranquilo y no 400 kilómetros de curvas.
Cómo llegar desde Santiago
Son unos 65 km hasta el puente, aproximadamente una hora sin prisa. La opción rápida es la autopista hasta Vilagarcía. La opción buena es bajar por la N-550 hacia Padrón y seguir la orilla por Catoira y Vilanova de Arousa: tráfico local, curvas suaves y la ría siempre a la izquierda. Si vienes de fuera y quieres más ideas de esta distancia, tienes la lista completa en qué ver cerca de Santiago.
Un apunte práctico antes de salir: repostá antes de cruzar. En Vilagarcía y Vilanova hay estaciones de servicio sin problema; en la isla no cuentes con ello. Con el depósito lleno haces la vuelta completa —isla, O Grove, A Lanzada y regreso— sin volver a parar.
El puente: dos kilómetros de viento lateral
El puente es la parte que sorprende a casi todo el mundo. Es largo, recto y está completamente expuesto: no hay nada que corte el viento que entra por la boca de la ría. Con el mar en calma se cruza sin pensarlo, pero en un día de nordés la moto se mueve, y se mueve más si llevas maletas laterales o topcase.
No es peligroso; simplemente hay que ir preparado. Baja el ritmo antes de entrar, no lo cruces en el carril de la izquierda si vas a adelantar, y cuenta con que a mitad de tramo la presión del viento cambia. La zona de las pilas y los quitamiedos genera rachas irregulares. Si además hay furgonetas, el efecto vela al adelantarlas se nota.
Merece la pena parar en el aparcamiento del lado continental para ver el puente entero antes de cruzarlo. Es una de las estampas más reconocibles de la ría y, a primera hora, con la marea alta y las bateas al fondo, no necesita más explicación.
La vuelta a la isla
La carretera de circunvalación tiene unos 20 km y se hace en poco más de media hora si no paras. Vas a parar. El firme es correcto en general, pero hay tramos con parches, badenes de asfalto y arena arrastrada en los accesos a las playas: en curva y con la rueda delantera cargada, esa arena es el único riesgo real del día.
Las playas del lado oeste —Area da Secada, O Bao, Camaxe— son de arena fina y agua muy poco profunda. Aquí llega el segundo aviso de moto: cuidado con el caballete lateral. Casi todos los aparcamientos son de tierra compactada o directamente arena. Con la moto cargada y el suelo blando, el caballete se hunde y la moto se va. Lleva una pieza plana de plástico o apoya sobre una piedra ancha; es un gesto de dos segundos que evita un disgusto.
El pueblo, en el lado este, vive del marisqueo. A media mañana se ve trabajar a las mariscadoras en la orilla cuando la marea está baja, y ese sí es un espectáculo que no depende de ningún horario turístico.
O Carreirón, el motivo para quedarse
En el extremo sur está el parque natural do Carreirón: pinares, dunas bajas y marismas donde invernan aves acuáticas. Se deja la moto en el aparcamiento de la entrada y se recorre a pie por sendas llanas. Una hora larga basta para dar la vuelta.
Es la parte más silenciosa de la isla y el contraste con el resto de nuestras rutas de costa es total: aquí no hay acantilado ni oleaje, sino agua parada y luz baja. Si vas fuera de temporada, es probable que no te cruces con nadie.
La vuelta por A Lanzada y O Grove
Volver por donde has venido sería desaprovechar el día. Cruza el puente de vuelta y sigue hacia el sur por Cambados y O Grove; desde ahí, la carretera que bordea la península hasta A Lanzada es de las mejores del entorno: mar abierto por fin, arenal largo y una sucesión de curvas rápidas con el Atlántico de frente. Es la clase de tramo que justifica venir en moto y no en coche, en la línea de lo que contamos en las 5 carreteras que todo motero debería rodar.
Desde A Lanzada, el regreso a Santiago por Meis y Caldas de Reis son otros 80 km aproximadamente. El bucle completo se queda en unos 170-180 km: media jornada tranquila o un día entero si te bañas y comes sin reloj.
Cuándo ir
- Mareas. No condicionan el acceso —esto no es la Playa de las Catedrales— pero sí lo que ves. Con marea baja aparecen los bancos de arena y el trabajo del marisqueo; con marea alta, las playas y el puente lucen mucho más.
- Niebla. En verano es frecuente la brétema matinal en la ría. Suele levantar a media mañana, así que no salgas de Santiago a las ocho esperando fotos.
- Temporada. Julio y agosto llenan las playas y el puente se satura los fines de semana. Mayo, junio y septiembre son claramente mejores.
- Viento. Consulta el parte antes de ir. Un día de aviso por viento en el litoral no es día de puente largo y expuesto.
Preparar la ruta
Es un recorrido fácil, sin puertos ni tramos técnicos, apto para cualquier moto y para alguien con poca experiencia en carretera gallega. Puedes recogerla en Santiago y estar cruzando el puente en una hora: tienes las condiciones en alquiler de motos en Santiago y el modelo concreto en nuestra flota.
El track de este bucle, con las paradas marcadas, está en la sección de rutas para cargarlo en el navegador. Y si prefieres no ir por libre la primera vez, esta es una de las salidas que hacemos en grupo: se reserva aquí.
Foto: Luis Miguel Bugallo Sánchez (Lmbuga) — CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
