29 ago
A Lanzada en moto: la playa y la carretera que la bordea
Articolo disponibile solo in spagnolo.
A Lanzada es el arenal largo que separa Sanxenxo de O Grove: unos dos kilómetros y medio de arena abierta al Atlántico, con la ermita en el extremo norte y la carretera pasando por detrás casi sin separación. Es la playa más buscada de las Rías Baixas y, en verano, también una de las más llenas. Lo que casi nadie cuenta es que llegar hasta ella es la mitad del plan.
La PO-550, el motivo real para ir en moto
Desde Santiago son unos 70 km hasta Sanxenxo, poco más de una hora por autovía. El tramo que interesa empieza después: la PO-550 entre Sanxenxo y O Grove va pegada al mar, con curvas suaves y la ría siempre a la izquierda. No es una carretera técnica ni pretende serlo. Es de las que se ruedan despacio porque el paisaje cambia cada pocos cientos de metros, y de las que justifican el rodeo aunque no vayas a bañarte.
El aviso incómodo: en julio y agosto ese mismo tramo se convierte en una caravana. A partir de las once de la mañana los aparcamientos de A Lanzada están completos y la fila de coches buscando hueco llega hasta la carretera. La moto se salta ese problema entero —hay sitio para dejarla donde no lo hay para un coche— y ese es el argumento práctico, no un eslogan. Si vas en temporada alta, sal temprano: antes de las diez la carretera está tranquila y encuentras la playa casi vacía.
Si te interesa el trazado más que la playa, la PO-550 aparece por algo en nuestra selección de las cinco carreteras de Galicia que todo motero debería rodar.
Cuándo ir y qué esperar del tiempo
A Lanzada mira al noroeste y está expuesta. Eso tiene dos consecuencias que conviene tener claras antes de salir.
La primera es el viento. Con nordés —el viento seco del norte que sopla varios días seguidos en verano— la arena vuela a media playa y la sensación térmica baja bastante, aunque el cielo esté despejado. No estropea el día, pero cambia el plan: con nordés fuerte se está mejor en el lado de la ría, en las calas pequeñas de la vuelta por O Grove, que en el arenal grande.
La segunda es la niebla. En las Rías Baixas es habitual la mañana cerrada que abre a mediodía. Si sales de Santiago con niebla, no des el día por perdido: muchas veces se levanta según bajas hacia la costa. Lo que sí conviene es rodar con luz encendida y sin prisa en ese tramo final, porque la visibilidad puede caer de golpe.
La marea importa menos que en otros arenales gallegos, pero con marea baja la playa gana muchísimo terreno y se puede caminar entera hasta la ermita sin pisar el paseo. Si vienes de leer sobre la playa de las Catedrales y sus mareas, aquí el asunto es mucho menos estricto: nadie te va a pedir autorización ni hay riesgo de quedarte encerrado.
La ermita y el rito de las nueve olas
En el extremo norte, sobre un pequeño promontorio junto a los restos de una torre medieval, está la ermita de A Lanzada. Es lo que distingue esta playa de cualquier otro arenal largo de Galicia.
Allí se celebra el rito de las nueve olas: la tradición dice que las mujeres que querían quedarse embarazadas debían bañarse de noche y dejar que las alcanzaran nueve olas seguidas. La romería sigue viva y llena la zona una noche de finales de agosto —las fechas se mueven, conviene mirarlo antes de ir—, pero el sitio merece la parada cualquier día del año. Subir los pocos metros hasta la ermita con la playa entera a un lado y la ría al otro cuesta cinco minutos y es el mejor mirador del conjunto.
Galicia está llena de este tipo de lugares donde la creencia popular y el paisaje van juntos. Si te tira ese hilo, San Andrés de Teixido es el otro extremo de la misma idea, en el norte y con una carretera muy distinta.
Dónde dejar la moto
Detalle pequeño y decisivo: casi todas las zonas de aparcamiento de A Lanzada son de tierra y arena compactada. El caballete lateral se hunde. Lleva una pletina, una lata aplastada o cualquier apoyo plano —o busca los bordes asfaltados del aparcamiento principal, junto a la carretera. Con el caballete central y suelo blando, mismo problema.
Y lo obvio que se olvida: nada visible en la moto, ni casco colgado ni bolsa en la parte de atrás. En verano hay mucho movimiento de gente.
La vuelta por la península de O Grove
Con la playa vista, lo lógico es seguir. La carretera que rodea la península de O Grove es corta —unos 20 km de vuelta completa— y encadena miradores sobre la ría de Arousa. El de Con da Mina, en la parte alta, es el que mejor resume el conjunto: las bateas de mejillón repartidas por el agua como un plano dibujado.
Desde O Grove sale el puente a la Illa da Toxa, un kilómetro escaso de vuelta tranquila entre pinos y edificios de balneario. Y si quieres día completo, la continuación natural es cruzar hacia la Illa de Arousa por su puente: están a poco más de media hora por carretera y las dos islas con puente de las Rías Baixas en la misma jornada es una ruta redonda, unos 180 km ida y vuelta desde Santiago.
Para repostar, O Grove y Sanxenxo tienen gasolineras sin problema. En la propia PO-550 entre ambos hay poco, así que si vas justo, llena antes de meterte en el tramo costero.
En resumen
A Lanzada funciona mejor como parte de un recorrido que como destino único: la carretera que lleva hasta ella, la ermita, la vuelta a la península y el salto a Arousa forman un día completo sin apreturas. Temporada alta, salida temprana. Fuera de temporada, cualquier hora sirve y la playa es otra cosa.
Tenemos el recorrido preparado con track para el navegador en nuestras rutas, y las motos disponibles y el proceso de alquiler en Santiago están a un par de clics. Si prefieres no ir por libre la primera vez, también hacemos salidas guiadas en grupo por las Rías Baixas.
