19 set
Qué ver en Pontevedra: la ciudad sin coches, desde Santiago
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Pontevedra tiene el casco histórico peatonal más grande de Galicia, y eso cambia por completo la forma de visitarla. No es una ciudad en la que se aparque y se siga conduciendo: es una ciudad en la que se aparca una vez y se recorre andando. Quien llega en coche suele perder veinte minutos buscando sitio y otros quince caminando desde donde lo dejó. En moto, ese problema desaparece: se aparca a pie de casco viejo y se entra directamente. Está a unos 60 km de Santiago, así que cabe en medio día sin apretar.
Cómo se llega desde Santiago
La vía rápida es la AP-9 en dirección Vigo: unos 60 km y alrededor de 45 minutos, con peaje. Es cómoda y aburrida, que para la ida está bien si quieres llegar temprano.
La alternativa es la N-550, la carretera vieja que pasa por Padrón, Caldas de Reis y Barro. Son unos 70 km y cerca de una hora y cuarto, con tramos urbanos, rotondas y bastante tráfico local entre semana. No es una carretera de conducción, pero sí de paisaje: el valle del Ulla, los viñedos y los pueblos que la autopista se salta. Un consejo práctico: si la haces, repón combustible antes de salir de Santiago o en Caldas, porque en el último tramo las gasolineras quedan fuera de la traza.
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Dónde dejar la moto (la parte que nadie explica)
El centro histórico está cerrado al tráfico salvo residentes y carga, y el resto de la ciudad funciona con límite general de 30 km/h. Hay que asumirlo desde la entrada: no vas a rodar hasta la puerta del monumento, ni falta que hace.
Lo que funciona es el anillo perimetral. Alrededor del casco antiguo hay aparcamiento en superficie y subterráneo repartido entre la zona del río Lérez, los alrededores de la Alameda y el entorno de la estación. Para la moto hay plazas reservadas muy cerca de los accesos peatonales, y ahí está la ventaja real: mientras el coche se queda a diez o quince minutos andando, tú entras a la primera plaza casi desde el aparcamiento.
Dos avisos de quien ha ido con lluvia. El primero: el suelo del casco viejo es granito, y el granito mojado en Pontevedra es una pista de hielo, tanto para las botas como para la rueda delantera en las maniobras de aparcamiento. El segundo: hay rebajes y badenes en los accesos a las zonas peatonales; se pasan despacio y sin ir de pie sobre las estriberas.
Las plazas, en el orden que tiene sentido
El truco de Pontevedra es que el casco antiguo se cruza entero a pie en unos 20 minutos. Todo lo demás es tiempo de parada. Con dos horas lo ves con calma y sin agobio. Este es un orden que funciona:
- Praza da Peregrina. Es la entrada natural desde la Alameda. El santuario de la Virxe Peregrina tiene planta de vieira, un guiño al Camino Portugués, que pasa justo por aquí.
- Praza da Ferrería. La plaza grande, con los soportales y los magnolios. Es el centro de gravedad de la ciudad y el sitio donde sentarse un rato.
- Praza da Leña. Pequeña, empedrada, con el crucero en medio. La más fotografiada, y con razón.
- Praza da Verdura y Praza de Teucro. La primera concentra el tapeo; la segunda, casas blasonadas del XVIII.
- Basílica de Santa María la Mayor. La levantó el gremio de mareantes en el XVI y su fachada plateresca está pensada para leerse como un retablo. Está en el extremo oeste del casco, mirando al río.
- Ruinas de Santo Domingo. Una iglesia gótica sin techo, al lado de la Alameda. Cierra bien el círculo antes de volver al aparcamiento.
Si te sobra media hora, cruza el puente del Burgo. Desde el otro lado del Lérez se entiende la ciudad: el río, la ría al fondo y el casco viejo compacto como una isla.
Cuándo ir
De mayo a septiembre es lo previsible, pero Pontevedra tiene una ventaja sobre los destinos de costa: al ser una visita urbana, un día gris no la estropea. De hecho, en agosto las plazas están llenas y se disfruta menos.
La mañana del sábado es buen momento porque el mercado de abastos, junto al río, está en plena faena. A comienzos de septiembre se celebra la Feira Franca, la fiesta medieval que llena el casco antiguo durante un fin de semana: si coincides, cuenta con accesos cortados y con dejar la moto más lejos de lo habitual.
Y una nota de clima: la niebla de la ría entra a primera hora en otoño y puede acompañarte los primeros kilómetros de la AP-9. Se disipa rápido, pero con visera oscura es incómoda. Si sales temprano, lleva pantalla clara.
Media mañana de ciudad, media tarde de ría
Lo que casi ninguna guía dice es que Pontevedra es, sobre todo, un nudo. Está en el fondo de su ría y a menos de media hora de algunos de los mejores sitios de las Rías Baixas, así que la escapada se convierte en dos planes en uno.
Desde aquí, hacia el oeste, tienes las playas de Sanxenxo a unos 30 km y la carretera que bordea A Lanzada, que es de las que se recuerdan. Hacia el norte, cruzando el puente, está la Illa de Arousa. Y hacia el sur, Vigo y el embarcadero de las Cíes, si has conseguido el permiso con tiempo.
La combinación que mejor funciona en un día: casco antiguo por la mañana, comer en la zona de la Verdura y salir a la costa a media tarde, cuando la luz baja y el tráfico de la ría ya se ha calmado.
Para hacerlo
Pontevedra es una de esas escapadas en las que la moto no es solo el transporte: es lo que te ahorra la peor parte del día. Si quieres montarla desde cero, en alquiler de motos en Santiago puedes salir por la mañana y estar en la Ferrería antes de las once. Y si prefieres no decidir tú el trazado, echa un ojo a las salidas en grupo, que suelen encadenar la ciudad con la costa en la misma jornada.
Foto: D.Rovchak — CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
